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viernes, 8 de diciembre de 2017

Rescatando el lugar de la ilusión

Muy a tono con las fechas decembrinas en las que estamos, nos animamos a hacer una reflexión sobre la ilusión, no desde el punto de vista de la ‘ilusión patológica’ que refleja la retirada del interés por el mundo externo, sino de aquella que hace referencia a este, a la vez que habla del mundo interno del sujeto.

En el contexto psicoanalítico, la ilusión se enmarca a menudo en su acepción más “negativa” que, citando el significado que le adjudica la Real Academia Española en este sentido, tiene que ver con un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por el engaño de los sentidos, un significado que enfatiza lo que tiene que ver con el engaño o el error.

Aún así, muchos autores han intentado rescatar el lugar de la ilusión desde una función positiva y adaptativa, esa que se apoya en la segunda acepción atribuida a la misma por la RAE que tiene que ver con una esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo… o la viva complacencia en una persona, cosa o tarea.

Ambas perspectivas comparten la incursión del deseo en la construcción de la ilusión. En este sentido, A. Tagler apunta que resulta sorprendente cómo bajo el influjo de la ilusión la realidad se debilita y pierde, en aras del deseo, su condición de fuente privilegiada de certezas. Recordemos asimismo que Freud se planteó en su momento la posibilidad de que las creencias que se tenían -aparentemente- basadas en la razón, no se tratasen más que de una ilusión al servicio de los deseos. Desde esta óptica la ilusión quedaría relegada a una apreciación falsa motivada por el deseo que se impone.

Desde otras perspectivas, el deseo impreso en la ilusión permitiría, más bien, la búsqueda de objetivos y de caminos hacia su satisfacción, siempre que la misma mantenga los lazos con la realidad. Las ilusiones, en este sentido, intentan satisfacer una necesidad básica de vivir en un mundo que no comprendemos del todo, como un intento de orientar nuestras acciones a la vez que hacen posible la existencia humana.

Coincidimos con Tagler en que intentar entender las ilusiones únicamente desde el foco del autoengaño, significaría limitar nuestra visión a una perspectiva parcial, que nos impediría comprender su indudable importancia para la subjetividad. Más allá del juicio sobre la falsedad del contenido de una determinada creencia o ilusión, es importante indagar en la cuota de “verdad” que contiene, preguntándonos qué tiene que decirnos sobre lo humano, como bien fue determinante en el pensamiento freudiano.

Autores como Winnicott y Milner también se han sumergido en el “rescate” de la ilusión, otorgándole un papel clave en el desarrollo y en la naturaleza humana. Desde esta visión, no se trata de algo que “superar o abandonar en nombre de la madurez emocional” sino que puede ser vista también como un fenómeno de creatividad.

El papel de la ilusión como elemento creador de subjetividad fue apuntado por Winnicott haciendo referencia a la ilusión prototípica del bebé de “crear el pecho materno”. Esto le permite que sienta el control omnipotente de que el pecho nunca va a faltar porque, controlado por él, le protege de la realidad que alude a su indefensión y dependencia. Aquí, es la madre quien ofrece al bebé la oportunidad de crearse la ilusión de que ese pecho es parte de él, y posteriormente, su tarea será “desilusionar” al bebé en forma gradual, lo que no logrará si al principio no le ofreció suficientes oportunidades de ilusión. Estos movimientos inauguran al bebé como sujeto, así como el concepto de realidad externa, es decir, de mundo.

En este sentido, autores como R. Tuch enfatizan que los fenómenos que abarcan la ilusión se refieren a la naturaleza humana, el funcionamiento del mundo y lo que los otros piensan o hacen. Como ocurre en la ilusión del bebé de crear el pecho materno como camino hacia la construcción del mundo externo, las ilusiones no han de ser siempre vistas como meras distorsiones de la realidad, sino que también reflejan los puentes que se crean entre el mundo interno y el externo.

En palabras de Tagler, en la ilusión, la diferencia entre mundo interno-mundo externo, o fantasía-realidad, se cancela, a la vez que se conserva. Se trata de dos mundos conectados, con permanentes entradas y salidas que producen intercambios y, en muchos casos, mutuas modificaciones. La ilusión nos permite presuponer que podemos alterar y actuar sobre los eventos de nuestra experiencia, cambiando y afrontando las situaciones que experimentamos.

Como afirmaba Winnicott, la tarea de aceptación de la realidad nunca está completa, ya que ningún ser humano está libre de la lucha de relacionar la realidad interna y la externa. Sin embargo, el alivio de esta lucha es provista por un área de la experiencia que no es desafiada. Para el autor, el espacio transicional se ubica entre creencia y conocimiento, y otorga protección a través del dispositivo psíquico de la ilusión contra aquellos ‘traumas’ imposibles de soportar psíquicamente. En esta línea, Tagler apunta que, con un Yo absolutamente consecuente con la exigencia a la síntesis de su ideal, la existencia sería insoportable. Nuestras desmentidas -aquello que obviamos de la realidad para proteger una creencia- y disociaciones cotidianas son en parte lo que nos permite tramitar la vida sin enfermar.

Desde aquí parten muchos autores para rescatar los elementos beneficiosos y adaptativos de la ilusión como dispositivo psíquico, apuntando que esta permite, entre otras cosas, mantener la creencia de que estamos a salvo, seguros y en ningún peligro inminente, lo que deriva en una aproximación adaptativa frente a las experiencias de la vida. Aquí la ilusión es tratada en calidad de mecanismo de defensa, indispensable para la adaptación al mundo externo, no como elemento que lo deroga. Representa un mecanismo protector ante el trauma real o posible que permite que el sujeto pueda relacionarse y conocer la realidad paulatinamente.

Tuch, por ejemplo, coincide en la idea de Freud sobre la inseguridad existencial del ser humano y su extrema impotencia ante hechos de la cotidianidad, de las relaciones con otros y hasta de la naturaleza, incluyendo la propia muerte. Sin embargo, revaloriza y conceptualiza la ilusión como un mecanismo de defensa, una resolución adaptativa, que da predominio a la creencia sobre el saber con la finalidad de afrontar las posibles “catástrofes” que pueden acechar la existencia humana. Afirma que se trata de una muestra de creatividad al servicio de operar en el ambiente y la realidad.

La ilusión está inevitablemente ligada a características y deseos subjetivos y personales,
Rob Gonsalves
que se fundamentan en la experiencia y anhelos de cada uno, así como en la búsqueda de dichos anhelos. Cuando la ilusión conserva una justa apreciación de la realidad, y cuando se rescata su valor considerando el paso de lo intrapsíquico hacia el mundo externo, puede tener un poder transformador, creativo y motivador. Sin embargo, en aquellos casos en donde se cae en su sobreutilización como mecanismo predominante de afrontamiento, o en donde la estabilidad emocional depende preferencialmente de la misma, el desencanto que imprime la realidad siempre será un riesgo a nivel emocional y adaptativo.

Las ilusiones pueden constituir un mecanismo necesario y beneficioso de cara a asumir la responsabilidad de trabajar por nuestros anhelos, para la conservación del bienestar psíquico y la adaptación. Cuando la estabilidad emocional depende de la incursión constante de la ilusión en detrimento de la realidad externa, se corre el riesgo de perder su potencial creador. Por ello, la ilusión ha de cimentarse sobre una co-construcción, representando un puente entre el mundo interno y externo, posibilitando así nuevas habilidades para encontrar el valor de enfrentar las experiencias de la vida.

Referencias:
-Alfredo Tagler, La ilusión.
-Diccionario de la Real Academia Española, versión online
-D.W Winnicott (1971) Realidad y Juego.
-Richard Tuch, Entre conocer y creer: Rescatando el legítimo lugar de la ilusión en el psicoanálisis. Reseña de ClaudioMaruottolo y Cecilia Llorens-Herrera



lunes, 28 de noviembre de 2016

Narrativa en la psicoterapia: La reconstrucción de la historia personal

"Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es." 
Jorge Luis Borges

Foto: Hai Thinh
El largo camino que recorremos en la búsqueda del sentido de la vida y de nuestras experiencias, trae consigo la necesidad de organizar los acontecimientos de la vivencia personal en busca de un relato coherente de nosotros mismos, del otro y del mundo.

Cuando hablamos a otros acerca de nosotros, de cómo somos, de aquello que nos hace singulares, de la historia de nuestra familia y de los eventos que consideramos relevantes en nuestra experiencia vital, nos hallamos relatando una historia. Esto que transmitimos al otro, conforma un relato que adoptamos como propio en forma de autonarración y proporciona un sentido de continuidad. Esta historia parte de nuestros primeros años de vida, así como de las relaciones y dinámicas entonces vigentes, y sirve prospectivamente de marco de referencia para ordenar las experiencias ulteriores. Sin embargo, ¿Qué vigencia tienen estas autonarraciones en nuestra vida actual? ¿Cómo posibilitan o bloquean vías de cambio personal? 

Tal y como afirma Bateson, la comprensión que tenemos de un hecho o el significado que le atribuimos, está determinada y restringida por el contexto en el que se recibe; es decir, por la red de premisas y supuestos que constituyen nuestros mapas del mundo. Comparando estos mapas con pautas, Bateson argumenta que la interpretación de todo acontecimiento está determinada por la forma en que éste encaja dentro de pautas conocidas. Estas “pautas” son históricas, proceden de la primera época de la evolución del sujeto y están integradas tanto por ‘verdad histórica’ como por construcciones que hacemos en el nivel de la fantasía. Así, intentamos dotar de cohesión nuestra narrativa personal, sometiendo las experiencias que vivimos a un marco de comprensión a menudo anacrónico. En el curso de la construcción de esta novela personal, dejamos de lado, de entre el conjunto de los hechos de nuestra experiencia, aquellos que no encajan en los relatos que desarrollamos de nosotros mismos. Otros sucesos quedan fuera de esa narración por acción de la represión, de manera que parte de las experiencias quedan, en palabras de White, sin relatar… permanecen amorfas, sin organización y sin forma, actuando en la sombra. 

El psiquismo surge de la relación con el otro, en palabras de Díaz Olguín, el nivel en donde el significado es generado y actualizado es externo al sujeto, pertenece a una dimensión interpersonal-social. Como seres sociales, organizamos nuestra narrativa personal según la interacción con nuestras figuras relevantes. A partir de las vivencias en el seno de la familia, siempre en el contexto del tránsito a través de las distintas etapas del desarrollo, surgen las primeras historias que intenta explicar el significado de las experiencias. Estas ficciones pretéritas, que Freud llamó la novela familiar del neurótico, configuran nuestra identidad y nos explican nuestro lugar en el mundo; su construcción responde a una necesidad evolutiva. Sin embargo, el hecho de que dichas ficciones guíen nuestra vida adulta, llama a la compulsión a la repetición, es decir, a la repetición constante de una situación o la re-vivencia de un sentimiento que, paradójicamente, es doloroso. Asimismo, esto habla de una falta de opciones, limitando los medios de cambio que hacen posible la elaboración de conflictos y malestares en las esferas personal y relacional. 

Como apunta E. Bruner, si aceptamos que organizamos nuestra experiencia y le damos sentido por medio del relato, y que en la construcción de estos relatos expresamos aspectos ‘escogidos’ de la experiencia vivida, se deduce que estos relatos modelan la vida y las relaciones. La analogía del texto propone la idea de que los relatos o narraciones que nos contamos a nosotros mismos, influyen en nuestras interacciones y organización, y que la evolución de las vidas y de las relaciones se produce a partir de la representación de tales relatos o narraciones. 

Es por ello que el proceso psicoterapéutico no solo trabaja y se ocupa de dichos relatos, sino que además encierra el cuestionar los fantasmas que nos han constituido -y que colman la historia que adoptamos acerca de nosotros mismos- para dotar de significado aquello oculto en nuestra narración personal. Representa un espacio en donde re-experimentamos, recreamos, reconstruimos y reactualizamos nuestra propia experiencia dotándola de un significado más maduro. En palabras de Freud en construcciones en psicoanálisis: 
"…El trabajo analítico aspira a inducir al paciente a que abandone sus represiones (usando la palabra en su sentido más amplio), que pertenecen a la primera época de su evolución, y a reemplazarlas por reacciones de una clase que corresponderían a un estado de madurez psíquica."
Añade entonces en cuanto a la tarea del analista:
"¿Cuál es entonces su tarea? Su tarea es hacer surgir lo que ha sido olvidado a partir de las huellas que ha dejado tras sí, o más correctamente, construirlo."

De esta forma, la intervención y construcciones del analista en el proceso psicoterapéutico, abren opciones novedosas y distintas perspectivas a la narrativa personal que tenemos y que puede estar resultando paralizante. Dichas construcciones que se dan en el marco de la psicoterapia, integran tanto la ‘verdad histórica’ como la actividad de la fantasía, escriben a partir de lo actual una narración que permite reordenar e interpretar los hechos pasados y darles nuevos sentidos. 

Díaz Olguín apunta que la narrativa que se revela en la psicoterapia, permite explicar las experiencias emocionales complejas que vivimos. No se trata de decretar la ‘verdad histórica’ que expone el relato personal y familiar, sino más bien de abordar dicha realidad que proviene desde las primeras fases del desarrollo psíquico y emocional, como una historia sujeta a la construcción e interpretación progresiva que hacemos del mundo. La historia familiar, y con ello la narrativa personal, integra las producciones fantaseadas en cuanto a la familia y la historia individual, con los eventos y figuras de la realidad histórica. El analista acoge el relato personal y lo devuelve en consonancia con una realidad en la que la experiencia no es ‘univocal’, sino que está poblada de ópticas ignoradas en la historia dominante, ópticas que ponen en movimiento un cambio.

De esta forma, en el transcurso del análisis pasamos desde albergar y guiar nuestras experiencias por un relato unívoco y lineal, hacia una realidad discursiva de la vida, una realidad en continuo cambio. Será en esas revisiones constantes en donde se puede ir forjando, modificando o estructurando la manera en la que se cuestionan los hechos, de forma que aparecen “varias historias” en un mismo plano, coexistentes y no excluyentes.

Desde la terapia sistémica, tal y como señala White, a medida que los relatos alternativos se prestan a ser representados, es posible expresar y difundir otros aspectos, «amables» pero anteriormente negados, de nuestra experiencia. Estos aspectos de lo que vivimos que quedan fuera del relato dominante constituyen una fuente, llena de riqueza y fertilidad, para la generación, o regeneración de relatos alternativos. En este sentido, se fomenta una nueva sensación de agencia personal y, con ella, podemos ser capaces de asumir nuestra responsabilidad en la investigación de nuevas opciones en nuestra vida y en el seguimiento de nuevas posibilidades. En este proceso, se experimenta una nueva capacidad de intervenir sobre el mundo.

Como señala Díaz Olguín desde la perspectiva del construccionismo, a través del trabajo narrativo en psicoterapia, el sujeto tiene la oportunidad de relatar y explorar aspectos problemáticos de su vida, los que son puestos en el contexto de su historia personal. A partir de ello, el terapeuta asiste ofreciendo un diálogo o narrativa alternativa, una oportunidad de "re-escribir" su historia para completarla y dotar de sentido la experiencia, para abrir camino a opciones más próximas a la integración de las experiencias de cara al bienestar y madurez emocional del sujeto.

Es por ello que embarcarnos en un proceso de psicoterapia representa un desafío y una aventura, abre paso desde un relato único, frecuentemente obsoleto y condicionante, hacia perspectivas que posibilitan el cambio y el bienestar emocional y relacional.

Referencias:

-Steps to and ecology of mind, G. Bateson.
-Experience and its expressions. En V. Turner y E. Bruner (comps.), The anthropology of experience, E. Bruner.
-Construcciones en psicoanálisis, S. Freud.
-El modelo narrativo en la psicoterapia constructivista y construccionista, Rodrigo Díaz Olguín. 
-Medios narrativos para fines terapéuticos, M. White, D. Epston. 

domingo, 22 de mayo de 2016

Reflexiones acerca de la medicación psiquiátrica en niños

Foto: Zapatillas
"Hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos, llevamos 50 años utilizando medicamentos psiquiátricos y, en general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos"
R. Whitaker
Hace 50 años, había niños abusones, traviesos, vagos, adolescentes taciturnos, emocionalmente volátiles, pero no se les diagnosticaba de Déficit de Atención, Hiperactividad, Tics, Alexitimia...  la sociedad esperaba que, al hacerse mayores, acabarían convirtiéndose en adultos "más o menos" normales.

El panorama actual es bien distinto. La prescripción de fármacos psiquiátricos a niños y adolescentes es un fenómeno reciente y en preocupante crecimiento, ya que antes de 1980 eran relativamente pocos los jóvenes a los que se medicaba.

miércoles, 3 de junio de 2015

Reflexiones y aprendizaje en el proceso psicoterapéutico

Fotografía de José Martín
Aprender es un proceso. También lo es crecer. En un mundo en el que estamos acostumbrados a tolerar poco la espera y buscar soluciones rápidas, queremos rescatar algunas de las reflexiones que pueden hacerse en el transcurso del proceso terapéutico, escritas por alguien que ha decidido recorrer este trayecto de aprendizaje y crecimiento. Rescatar un relato como este, ajeno a las teorías que subyacen al quehacer terapéutico, y a la vez tan cercano al objetivo que este pretende, permite retratar la naturaleza del proceso y su valor.
“Algunas cosas que he aprendido en casi 2 años de ir a psicoanálisis”
El encuentro con otro

viernes, 31 de octubre de 2014

El grupo pone palabras allí donde hay vacío

Cuerpo y psiquismo se sostienen mutuamente en el proceso de crecimiento de un sujeto, no se conciben el uno sin el otro.
Vivimos una época cultural de renacimiento del cuerpo, de preocupación por el mismo, de temores hipocondríacos sobre su salud y exaltación hedonista de sus manifestaciones . La actitud tiene el sentido de una protesta, en la que el discurso del cuerpo se hace protagonista.

martes, 8 de abril de 2014

Cuando el cuerpo cuenta lo que no se sabe expresar

La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma - Bach

Somatización - Psicosomática - Proceso psicosomático - Enfermedad y Psique.

Fotografía de Isabel Sanfeliu
Buscando alguna de estas entradas en internet tropezamos con una inquietud general por entender lo que el cuerpo nos quiere decir. Parece como si los métodos que hasta ahora se estaban utilizando para buscar explicación a las enfermedades no hayan sido suficientes y haga falta "algo más" para poder establecer esa conexión cuerpo-mente que a muchos parece escapar de su entendimiento.

La construcción literaria y psicoterapéutica: Paralelismos

Todos tenemos relatos de los aconteceres de nuestra vida y así como elegimos las historias
literarias que queremos leer, elegimos cómo contar nuestra propia historia, así como también qué lectura hacemos de la misma. La forma en la que nos aproximamos a una obra (sea del género que sea) nos sumerge en lo extraliterario: hemos de preguntar al texto a medida que leemos, vamos encontrando respuestas a la vez que formulamos hipótesis: nos valemos de nuestras propias vivencias para dotar de significados la experiencia de alguien ajeno, a la vez que somos nosotros mismos protagonistas y lectores.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Rescatando Apuntes: El Trabajo grupal y lo Psicosomático

«Cuando aparecieron cerebros capaces de pensar, empezaron pensando en el cuerpo.»
A. R. Damasio en El error de Descartes

Cuerpo y psiquismo se sostienen mutuamente en el proceso de crecimiento de un sujeto, no se conciben el uno sin el otro. En ese proceso, el otro está siempre presente; otros que estimulan o disipan vínculos, otros que miran, tocan, evitan, se mueven… (…) El cuerpo del paciente psicosomático ensaya llenar vacíos de pensamiento con síntomas. Lo emocional desinvestido, es detectado y denunciado por los integrantes del grupo, ellos ponen palabras allí donde el sujeto experimenta vacío, las cadenas asociativas tejen emociones y pensamiento.