
Actualmente la tecnología parece poner a disposición una multitud de espejos en los que mirarse y/o mostrarse. Ver y ser visto: ¿La propia imagen para sí o, para ser mostrada al otro?. Aquel reflejo del espejo parece intentar dotar de consistencia la propia identidad, la que se alimenta, como en tiempos pretéritos, del destello a modo de espejo que proyectan los demás para sentirse amado, aceptado y deseado.